Artemis en peligro, un retraso en los nuevos trajes podría comprometer todo
Cuando pensamos en regresar a la Luna, la mayoría imagina enormes cohetes despegando, tecnología de última generación y astronautas dando nuevos pasos sobre la superficie lunar. Sin embargo, hay un elemento esencial que pocas veces recibe la misma atención y que hoy podría convertirse en el mayor obstáculo de toda la misión: los trajes espaciales.
Un reciente informe de la NASA Office of Inspector General reveló que los retrasos en el desarrollo de los nuevos trajes espaciales podrían afectar directamente el calendario del Artemis Program, el ambicioso programa que busca llevar nuevamente astronautas a la Luna, así como las operaciones de la Estación Espacial Internacional.
La situación ha encendido las alertas dentro de la industria aeroespacial, ya que estos sistemas no son un complemento opcional: son una pieza crítica para que cualquier misión tripulada pueda realizarse de forma segura.

Créditos: Axiom Space
El problema no está en el cohete… está en el traje
Los actuales trajes espaciales utilizados en la estación espacial fueron diseñados hace más de cinco décadas. Aunque han recibido múltiples mejoras y adaptaciones con el paso del tiempo, su diseño base pertenece a otra era de la exploración espacial: fueron creados para las primeras generaciones de misiones orbitales, no para los desafíos de una nueva conquista lunar.
Originalmente, estos trajes fueron diseñados para operar alrededor de 15 años. Hoy, llevan más de 50 años siendo parte fundamental de las actividades extravehiculares de los astronautas, superando ampliamente su vida útil estimada.
Esto representa varios problemas importantes: mayores costos de mantenimiento, dificultad para conseguir piezas de reemplazo, limitaciones en movilidad, menor eficiencia operativa y, sobre todo, riesgos crecientes para la seguridad de las tripulaciones.
La Luna presenta condiciones mucho más exigentes que la órbita terrestre: polvo abrasivo, temperaturas extremas, mayor exposición a radiación y superficies mucho más complejas para desplazarse. Los trajes actuales simplemente no fueron diseñados para eso.
Y aquí aparece el gran problema: el reemplazo aún no está listo.
Para resolver esta situación, en 2022 NASA decidió cambiar completamente su estrategia. En lugar de continuar desarrollando internamente los nuevos trjes espaciales, optó por delegar esta tarea al sector privado mediante el programa xEVAS (Exploration Extravehicular Activity Services).
Este nuevo enfoque buscaba algo muy específico: que NASA dejara de ser propietaria directa de los trajes y comenzara a contratar “servicios de caminata espacial”, es decir, rentar el uso de estos sistemas a empresas especializadas.
Las compañías seleccionadas fueron Axiom Space y Collins Aerospace, con contratos que podrían alcanzar hasta los 3.1 mil millones de dólares.
La intención era positiva: reducir tiempos, aprovechar innovación privada y mantener competencia entre proveedores para asegurar respaldo en caso de fallos.
Sin embargo, esa estrategia comenzó a fracturarse rápidamente.
En 2024, Collins Aerospace salió oficialmente del proyecto después de no poder cumplir con los plazos establecidos por NASA. La agencia ya había invertido millones de dólares en ese desarrollo, pero finalmente tuvo que retirar las órdenes de trabajo asignadas a la compañía.
Esto dejó a Axiom Space como el único proveedor responsable tanto de los trajes lunares para Artemis como de los trjes de microgravedad para la ISS.
En términos operativos, esto significa una sola cosa: ahora todo depende de una sola empresa.

Créditos: BBC
Fechas optimistas… quizá demasiado
Uno de los puntos más señalados por el informe de la OIG fue que los plazos establecidos desde el inicio parecían excesivamente optimistas.
NASA esperaba demostrar los nuevos trajes lunares en 2025 y los sistemas para la estación espacial en 2026, fechas que, según los auditores, no reflejaban la complejidad real del desarrollo tecnológico requerido.
Diseñar un traje espacial no es comparable con fabricar un uniforme especializado. Se trata de construir un sistema de soporte vital completo que debe funcionar perfectamente en uno de los entornos más hostiles conocidos por el ser humano.
Actualmente, ambos programas presentan al menos un retraso de 18 meses.
Aunque Axiom proyecta realizar demostraciones hacia finales de 2027, los análisis basados en programas espaciales similares indican que las pruebas podrían extenderse incluso hasta 2031.
Esto genera una contradicción evidente: Artemis mantiene como objetivo un alunizaje tripulado en 2028.
Entonces surge la gran pregunta:
¿Cómo regresar a la Luna si todavía no existe el traje para caminar sobre ella?

Créditos: Axiom Space
Cuando se habla de Artemis, la atención suele centrarse en el poderoso cohete SLS, en la cápsula Orion o en los módulos de aterrizaje lunar. Pero existe una realidad mucho más simple y contundente: sin trajes espaciales funcionales, no hay misión lunar posible.
Los astronautas pueden llegar a la órbita lunar, incluso pueden aterrizar. Pero si no cuentan con un sistema certificado que les permita salir de forma segura, explorar la superficie y regresar con vida, toda la misión pierde su propósito principal.
Por eso, el retraso en los trajes no es un detalle técnico menor: es uno de los riesgos más importantes de todo el programa Artemis.
La propia OIG también cuestionó la estrategia contractual utilizada por NASA, señalando que los contratos de precio fijo no siempre son la mejor opción para proyectos altamente complejos, con grandes niveles de incertidumbre técnica y constantes cambios de desarrollo.
En este caso, intentar acelerar resultados podría haber generado justamente el efecto contrario.
Más que un uniforme: un sistema de supervivencia
Muchas veces imaginamos el traje espacial como una especie de uniforme futurista, pero en realidad es mucho más cercano a una nave espacial personal.
Cada traje debe controlar presión interna, temperatura, suministro de oxígeno, eliminación de dióxido de carbono, movilidad articular, comunicación, protección frente a radiación, resistencia al polvo lunar y seguridad estructural en caso de emergencia.
Todo esto debe funcionar de forma impecable mientras un astronauta trabaja en condiciones extremas, lejos de cualquier posibilidad inmediata de rescate.
En la Luna, además, el polvo lunar representa uno de los mayores enemigos: es altamente abrasivo, se adhiere fácilmente a las superficies y puede dañar mecanismos, sellos y componentes críticos del traje.
Diseñar un sistema capaz de soportar todo esto no solo es complejo: es uno de los mayores desafíos de ingeniería espacial de nuestra generación.
La verdadera carrera espacial
Muchas veces pensamos que la exploración espacial depende únicamente de grandes lanzamientos, motores gigantes o inversiones multimillonarias.
Pero la realidad suele ser mucho más silenciosa.
A veces, el futuro de una misión histórica no está en el cohete más poderoso del mundo, sino en los detalles aparentemente pequeños que sostienen toda la operación.
Hoy, uno de esos detalles tiene nombre propio: traje espacial.
Porque para volver a la Luna no basta con llegar.
Primero, hay que poder caminar sobre ella.
Y en este momento, ese sigue siendo el verdadero desafío.
3I/ATLAS: Un mensajero cósmico que vino de otro mundo
Imagínate algo que no pertenece a nuestro sistema solar, viajando por millones o incluso miles de millones de años luz… ¡hasta que finalmente cruzó nuestro barrio celestial! Ese es 3I/ATLAS, la tercera roca interestelar confirmada que visita nuestro sistema solar — y la primera que se comporta claramente como un cometa activo.

¿Por qué 3I/ATLAS es tan especial?
- No es un cometa común:
A diferencia de muchos cometas que nacen en nuestro propio sistema solar, 3I/ATLAS viene de fuera del Sol, moviéndose tan rápido que nunca será atrapado por su gravedad. Su trayectoria es hiperbólica, lo que significa que vino, pasó y seguirá su camino hacia el espacio profundo. - Origen misterioso:
Este visitante proviene probablemente de otro sistema estelar, y al analizarlo, los científicos esperan descubrir pistas sobre cómo se forman los cuerpos celestes más allá del lugar donde vivimos. - Un cometa con actitud:
Mientras se acercaba al Sol, 3I/ATLAS exhibió un comportamiento de cometa típico: expulsó gases y polvo formando una coma brillante alrededor de su núcleo helado, e incluso desarrolló un anti-rabo que sorprendió a los astrónomos.

Una máquina del tiempo interestelar
Este no es solo un objeto más en el cielo nocturno; para los científicos, 3I/ATLAS es como una cápsula del tiempo desde otra estrella. Estos son los datos que sin duda no debes de olvidar:
- Se estima que su núcleo mide desde cientos de metros hasta varios kilómetros, y cuando fue descubierto se desplazaba a increíbles ~220,000 km/h, acelerando hasta unos 246,000 km/h en su punto más cercano al Sol.
- Las observaciones revelan que su nube de gas puede estar dominada por dióxido de carbono y otros compuestos poco comunes en cometas tradicionales, lo que abre una ventana a la diversidad química del universo.
- Estudios recientes muestran que tras su máxima cercanía al Sol en octubre de 2025, el objeto sigue activo, con emisiones de polvo y gases que los instrumentos científicos continúan detectando.
Señales de otro mundo
Las recientes señales de radio detectadas del objeto interestelar 3I/ATLAS representan un hito sin precedentes en la astronomía moderna, al tratarse de la primera vez que se capta emisión de radio proveniente de un objeto de origen extrasolar. Estas señales, registradas mediante radiotelescopios de alta sensibilidad, no apuntan a un origen artificial, sino que están asociadas a procesos naturales: la liberación de gases cuando el objeto interactúa con la radiación solar. En particular, los astrónomos identificaron firmas vinculadas a radicales de hidroxilo (OH), un subproducto de la descomposición del agua, lo que refuerza la hipótesis de que 3I/ATLAS se comporta como un cometa activo. Este descubrimiento abre una nueva ventana para estudiar la composición química, la actividad y la evolución de objetos formados en otros sistemas estelares, aportando pistas clave sobre los procesos que ocurren más allá de nuestro vecindario cósmico.
Y si te preguntas si este increíble evento estelar será visible desde la Tierra, la respuesta es sí; aunque no como un cometa espectacular a simple vista. Durante finales de 2025 y principios de 2026, 3I/ATLAS ha sido observable con telescopios desde la Tierra, especialmente al amanecer, cuando aparece como una mancha difusa en el cielo.
Pero lo mejor no es solo verlo, sino entenderlo. Cada observación ayuda a desentrañar los secretos de cómo se forman los mundos alrededor de otras estrellas.
3I/ATLAS no solo es un cometa; es un embajador interestelar, un fragmento helado de otro sistema que nos permite asomarnos — aunque sea un poco — a cómo son las cosas más allá del Sol. Su paso por nuestro sistema solar ha sido raro, intrigante y lleno de sorpresas, y todavía queda mucho por aprender mientras continúa su viaje hacia la oscuridad.
3I/ATLAS está aquí. Está activo. Y cada fragmento de información que obtenemos es un paso más cerca de comprender los misterios del universo.

Perseverance se prepara para mandar sus muestras a la Tierra
La NASA, junto con la Agencia Espacial Europea, está desarrollando una campaña para devolver las muestras marcianas a la Tierra.
El 1 de septiembre, el rover Perseverance de la NASA desplegó su brazo, colocó una broca en la superficie marciana y perforó aproximadamente 2 pulgadas, o 6 centímetros, hacia abajo para extraer un núcleo de roca. Más tarde, el rover selló el núcleo de roca en su tubo. Este evento histórico marcó la primera vez que una nave espacial empacó una muestra de roca de otro planeta que podría ser devuelta a la Tierra por una futura nave espacial.

Mars Sample Return es una campaña de múltiples misiones diseñada para recuperar los núcleos que Perseverance recolectará durante los próximos años. Actualmente en la fase de diseño conceptual y desarrollo de tecnología, la campaña es uno de los esfuerzos más ambiciosos en la historia de los vuelos espaciales, que involucra múltiples naves espaciales, múltiples lanzamientos y docenas de agencias gubernamentales.
"Devolver una muestra de Marte ha sido una prioridad para la comunidad científica planetaria desde la década de 1980, y la oportunidad potencial de lograr finalmente este objetivo ha desatado un torrente de creatividad", dijo Michael Meyer, científico principal del Programa de Exploración de Marte de la NASA con base en la NASA. Sede en Washington.
El beneficio de analizar muestras en la Tierra, en lugar de asignar la tarea a un rover en la superficie marciana, es que los científicos pueden usar muchos tipos de tecnologías de laboratorio de vanguardia que son demasiado grandes y complejas para enviarlas a Marte. Y pueden hacer análisis mucho más rápido en el laboratorio al tiempo que brindan mucha más información sobre si alguna vez existió vida en Marte.
"He soñado con tener muestras de Marte para analizar desde que era un estudiante de posgrado", dijo Meenakshi Wadhwa, científico principal del programa Mars Sample Return, que es administrado por el Laboratorio de Propulsión a Chorro de la NASA en el sur de California. “La recolección de estas muestras bien documentadas eventualmente nos permitirá analizarlas en los mejores laboratorios aquí en la Tierra una vez que sean devueltas”.
Mars Sample Return implicaría varias primicias destinadas a resolver una pregunta abierta: ¿Ha echado raíces la vida en algún lugar del sistema solar además de la Tierra? “He trabajado toda mi carrera para tener la oportunidad de responder a esta pregunta”, dijo Daniel Glavin , astrobiólogo del Centro de Vuelo Espacial Goddard de la NASA en Greenbelt, Maryland. Glavin está ayudando a diseñar sistemas para proteger las muestras marcianas de la contaminación durante su viaje de Marte a la Tierra.
Desarrollado en colaboración con la ESA (la Agencia Espacial Europea), Mars Sample Return requeriría el lanzamiento autónomo de un cohete lleno de valiosa carga extraterrestre desde la superficie de Marte. Los ingenieros tendrían que asegurarse de que la trayectoria del cohete se alinee con la de una nave espacial que orbita Marte para que la cápsula de muestra pueda transferirse al orbitador. El orbitador luego devolvería la cápsula de muestra a la Tierra, donde los científicos estarían esperando para contenerla de manera segura antes de transportarla a una instalación segura de riesgo biológico, una que está en desarrollo ahora.
Antes de traer muestras marcianas a la Tierra, los científicos e ingenieros deben superar varios desafíos:
- Protegiendo la Tierra de Marte
Mantener las muestras químicamente prístinas para un estudio riguroso en la Tierra mientras someten su contenedor de almacenamiento a medidas extremas de esterilización para garantizar que no se entregue nada peligroso a la Tierra es una tarea que hace que Mars Sample Return sea realmente sin precedentes.
Hace miles de millones de años, el Planeta Rojo pudo haber tenido un ambiente acogedor para la vida que prospera en condiciones cálidas y húmedas. Sin embargo, es muy poco probable que la NASA recupere muestras con organismos marcianos vivos, basándose en décadas de datos de orbitadores, módulos de aterrizaje y rovers en Marte. En cambio, los científicos esperan encontrar materia orgánica fosilizada u otros signos de vida microbiana antigua.
A pesar del bajo riesgo de traer algo vivo a la Tierra, una gran cantidad de precauciones está llevando a la NASA a tomar medidas significativas para garantizar que las muestras marcianas permanezcan selladas de forma segura durante su viaje. Después de recolectar núcleos de roca en todo el cráter Jezero y colocarlos dentro de tubos hechos principalmente de titanio, uno de los metales más fuertes del mundo, Perseverance sella herméticamente los tubos para evitar la liberación involuntaria de incluso la partícula más pequeña. Luego, los tubos se almacenan en el vientre del rover hasta que la NASA decide el momento y el lugar para dejarlos caer en la superficie marciana.

Una campaña de devolución de muestras incluiría un rover de recogida de muestras de la ESA que se lanzaría desde la Tierra a finales de esta década para recoger estas muestras recolectadas por Perseverance. Los ingenieros del Centro de Investigación Glenn de la NASA en Cleveland, Ohio, están diseñando las ruedas del rover de búsqueda. El rover transferiría muestras a un módulo de aterrizaje, que se está desarrollando en el JPL. Un brazo robótico en el módulo de aterrizaje empacaría las muestras en la punta de un cohete que está siendo diseñado por el Centro Marshall de Vuelos Espaciales de la NASA en Huntsville, Alabama.
El cohete llevaría la cápsula de muestra a la órbita marciana, donde un orbitador de la ESA estaría esperando para recibirla. Dentro del orbitador, la cápsula estaría preparada para su entrega a la Tierra mediante una carga útil desarrollada por un equipo dirigido por la NASA Goddard. Esta preparación incluiría sellar la cápsula de muestra dentro de un contenedor limpio para atrapar cualquier material marciano en el interior, esterilizar el sello y usar un brazo robótico que se está desarrollando en Goddard para colocar el contenedor sellado en una cápsula de entrada a la Tierra antes del viaje de regreso a la Tierra.
Una de las tareas principales de los ingenieros de la NASA es descubrir cómo sellar y esterilizar el recipiente de la muestra sin borrar las firmas químicas importantes en los núcleos de roca del interior. Entre las técnicas que el equipo está probando actualmente se encuentra la soldadura fuerte, que consiste en fundir una aleación de metal en un líquido que esencialmente pega el metal. La soldadura fuerte puede sellar el recipiente de la muestra a una temperatura lo suficientemente alta como para esterilizar cualquier polvo que pueda quedar en la costura.
“Uno de nuestros mayores desafíos técnicos en este momento es que a centímetros del metal que se está derritiendo a unos 1.000 grados Fahrenheit (o 538 grados Celsius) tenemos que mantener estas extraordinarias muestras de Marte por debajo de la temperatura más alta que podrían haber experimentado en Marte, que es de unos 86 grados Fahrenheit (30 grados Celsius)”, dijo Brendan Feehan, el ingeniero de sistemas Goddard del sistema que capturará, contendrá y entregará las muestras a la Tierra a bordo del orbitador de la ESA. "Los resultados iniciales de las pruebas de nuestra solución de soldadura fuerte han afirmado que estamos en el camino correcto".
El diseño cuidadoso de Feehan y sus colegas permitiría que se aplicara calor solo donde se necesita para la soldadura fuerte, lo que limitaría el flujo de calor a las muestras. Además, los ingenieros pueden aislar las muestras con un material que absorba el calor y luego lo libere muy lentamente, o podrían instalar conductores que dirijan el calor lejos de las muestras.
Cualquiera que sea la técnica que desarrolle el equipo será crítica no solo para las muestras marcianas, dijo Glavin, sino para futuras misiones de retorno de muestras a Europa o Encelado,"donde podríamos recolectar y devolver muestras frescas de plumas oceánicas que podrían contener organismos extraterrestres vivos. Así que tenemos que resolver esto".
Los rigurosos esfuerzos de la NASA para eliminar el riesgo de contaminación dañina de la Tierra datan del Tratado internacional del Espacio Exterior de 1967, que pide a las naciones que eviten la contaminación de los cuerpos celestes con organismos de la Tierra y que eviten la contaminación de la Tierra a través de muestras devueltas. Para devolver de forma segura una muestra marciana a la Tierra, la NASA se está asociando no solo con la ESA, sino también con al menos 19 departamentos y agencias gubernamentales de EE. UU., Incluidos los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades de EE. UU. Y el Departamento de Seguridad Nacional de EE. UU.
Traducido de: NASA
Apolo 11, el primer alunizaje
Este miércoles se cumplen 53 años de la llegada del hombre a la Luna. Este evento marcó un antes y un después en la exploración de otro cuerpo celeste; la tripulación estuvo conformada por Neil Armstrong, Buzz Aldrin y Michael Collins,los 3 se embarcaron a este viaje sin saber si volverían a pisar la Tierra.

Armstrong y Aldrin fueron los primeros humanos en dejar huellas en la Luna tras aterrizar con éxito en el Mare Tranquillitatis (Mar de la Tranquilidad), situado en la cara visible de nuestro satélite. Ambos permanecieron en un radio de 100 metros del módulo lunar Eagle, y pasaron aproximadamente dos horas y media fuera, tomando muestras del suelo y rocas, así como preparando experimentos científicos, mientras Collins orbitaba a bordo del módulo de mando Columbia.
Revolución en la exploración lunar
En aquel momento, apenas sabíamos acerca de la historia y la composición de nuestro satélite natural, la Luna. Y por primera vez en la historia, los científicos pudieron analizar muestras provenientes del espacio. Esto les permitió determinar la edad, la composición y muchas otras propiedades de la Luna, así como profundizar en el conocimiento del sistema solar. Las muestras pesaron un total de 21,7 kg y proporcionaron a los científicos una gran cantidad de información muy valiosa que ha sido usada hasta la fecha.
Estas son algunas de las cosas que aprendimos después de la misión:
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Los mares lunares (las zonas oscuras que se ven al observar la luna) son antiguos flujos de lava volcánica.
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Poco después de formarse, la luna estaba fundida casi por completo, cubierta por una capa de roca líquida. A partir de este descubrimiento, la noción de un “océano de magma” se ha aplicado también a otros los planetas rocosos.
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Las muestras volcánicas tomadas por el Apolo 11 son muy antiguas: tienen unos 3600 millones de años, por lo que estas muestras nos abren una ventana al conocimiento de las primeras épocas de la Luna.

Experimentos en la superficie lunar
Los astronautas del Apolo 11 desplegaron una pequeña serie de experimentos durante su estancia en la superficie lunar. El paquete de experimentos científicos del Apolo (EASEP) consistió en tres partes, además de dos paneles solares para generar electricidad, tenía una antena y un sistema de comunicaciones que servía tanto para enviar datos a las estaciones terrestres como para recibir órdenes, el EASEP llevaba estos componentes:
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Paquete de experimentos de sísmica pasiva: servía para detectar terremotos lunares “lunamotos” y demostró que era posible estudiar la luna desde el punto de vista sísmico.
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Detector de polvo lunar: medía la acumulación de polvo y el daño que la radiación producía en las células solares. La acumulación natural de polvo en los paquetes de experimentos resultó ser mucho más baja de lo esperado.
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Retrorreflector de medición láser lunar: este instrumento tiene espejos en forma de cubo que reflejan pulsos láser directamente de vuelta a la Tierra. El tiempo que tarda la luz en ir y volver desde la Tierra a la Luna se usa para medir la distancia a nuestro satélite con una alta precisión y ayuda a calibrar la escala del sistema solar. Este experimento se sigue utilizando actualmente.
El Apolo 11 marcó un hito en la exploración de la Luna y la colonización espacial.

¡Pioneras en el espacio!
Estamos celebrando la semana del espacio y el tema de este año es “Mujeres en el espacio” por eso te contamos un poco de las pioneras que han hecho historia en la Tierra y en las alturas.

Katherine Johnson y los cálculos de la carrera espacial
Estas grandes figuras ya han hecho historia por conquistar el espacio, en todos los sentidos. El programa Apollo, también tiene una importante huella femenina. Margaret Hamilton tenía 33 años cuando el sistema de protección de reinicio que había diseñado permitió a Armstrong culminar el alunizaje de manera segura.

Devolverlo a casa sano y salvo era la misión del programa Lunar Orbit Rendezvous, que requería un cálculo minucioso. En este caso, Katherine Johnson, ya había sido también responsable de calcular otra misión, que en 1961 había llevado al primer estadounidense al espacio en la misión Freedom 7. Esta matemática nacida en Virginia, Estados Unidos, se incorporó a la NASA en 1953.
Valentina Tereshkova: la primera mujer astronauta
Valentina Vladimirovna Tereshkova (1937) fue la primera mujer en pisar el espacio y no era americana, pues parte de la Guerra Fría se jugaba en el espacio y la mujer era entonces un poderoso símbolo para ganar la partida.

Según El New York Times, el director de formación del programa de cosmonautas soviéticos escribió en su diario en 1961: “No podemos permitir que la primera mujer en el espacio sea estadounidense”. Esta férrea convicción llevó al espacio a una joven Valentina, que tenía experiencia como paracaidista y además estaba vinculada al Partido Comunista. En 1963 se convertiría en la primera mujer en el espacio, a bordo de la nave Vostok-6 y a la edad de 26 años. Tras una misión que duró 3 días, saltó en paracaídas desde más de 6.000 metros de altura y aterrizó en Karaganda (Kazajistán).
La primera caminata espacial femenina:
El tiempo ha pasado y las mujeres siguen forjando su camino en el espacio, tan solo hace dos años fuimos testigos de la primera caminata espacial exclusivamente femenina, con Christina Koch y Jessica Meir, de la NASA, cuando salieron a reemplazar una unidad de control de energía.

El primer paseo espacial íntegramente femenino debería haberse completado en marzo de 2019, pero un problema logístico retrasó el momento: no había dos trajes de talla mediana, por lo que solo una de las astronautas pudo participar.
Ahora la Nasa ha anunciado su intención de llevar a la primera mujer a la Luna en 2024 a través del proyecto Artemis (nombrado en honor a la hermana gemela de Apolo) y además está trabajando en un nuevo traje o unidad de movilidad extravehicular de Exploración (xEMU por sus siglas en inglés) para adaptarse de forma óptima a cada cuerpo, entendiendo así que el tallaje no será un obstáculo en esta futura misión para la inclusión de la mujer.
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